domingo, 27 de marzo de 2016

Episodio 27




Francisco Izquierdo:
Quién sabe dónde pueda estar el triunfo de las personas y las ciudades…
En tiempos, con la llegada del ferrocarril y el desarrollo industrial, Miranda adquirió cierta relevancia… Ahora cuenta con un remodelado Teatro, las visitas al Castillo, espacios de interés arqueológico, niveles de contaminación dentro de la normalidad, tomates y vinos con denominación propia, parada de autobuses, polígonos industriales para acoger cualquier actividad industrial… y, en un futuro próximo, si todo sale según lo previsto, además de dos Museos, una estación acondicionada a los tiempos que corren, con vistas a recibir al AVE, y si añadimos la posibilidad de crear restaurantes acordes a la calidad profesional de Alberto Molinero y Rubén Osorio… Es por ello que percibo buenos augurios, la ciudad cuenta con posibilidades de triunfar, pero el futuro de esta, y, por ende, el de la ciudadanía: dependerán de la habilidad política.
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Diario se Burgos…

“Sabor mirandés para los paladares más exquisitos”

Raúl Canales / Miranda - domingo, 29 de noviembre de 2015

“Alberto Molinero se queda a un paso de representar a España en el Bocuse D"or, uno de los concursos culinarios más prestigiosos y exigentes del mundo”

»La cocina mirandesa ha dado en los últimos años un ramillete de profesionales que pueden presumir de codearse sin complejos con los más grandes. Alberto Molinero es quizá el máximo exponente de esos maestros que han puesto a la ciudad en el mapa gastronómico. En un paso más en su carrera, ayer participó en Valladolid de la final nacional del Bocuse D’or, el campeonato culinario más prestigioso y exigente del mundo, y se quedó a las puertas de ser el elegido para representar a España en la fase mundial. «El jurado me ha confesado que he estado muy cerca de ganar, que el premio se ha decidido por pequeños detalles», lamentaba Molinero nada más concluir la gala, con cierto sabor agridulce por haber dejado escapar una oportunidad histórica.
Y es que el Bocuse D’or no es un concurso más. Es a la cocina lo que un Mundial al fútbol, por lo que haber sido uno de los 16 elegidos que han llegado hasta la última instancia es casi equiparable a formar parte de La Roja de los fogones.
La exigencia es máxima. Durante cinco horas los participantes preparan los platos ante un jurado que suma más de 12 estrellas Michelín y 4 soles Repsol, y una gran audiencia. «Parece un partido de fútbol, con tanta gente mirando y animando a sus favoritos», explica Molinero. Por si fuera poco, la gala fue seguida en directo por miles de personas a través del ordenador, así que soportar la presión en el Bocuse D’or es tan importante como la destreza con las cazuelas.
Con la trucha y el lechazo como productos estrella obligados, cada cocinero debía dar rienda suelta a su creatividad para preparar tres platos diferentes. Molinero apostó por acompañar el pescado con una brandada y un jugo con la cabeza de la trucha y azafrán, una radial de alcachofas y un coulan de hinojos, berberechos y crujiente con la propia piel de la trucha. Para la carne, un lingote de cordero y trufa con pate del hígado del animal con ciruelas, una tarrina con mollejas y alcachofas y un boniato relleno de jamón, patata y flor de loto, fueron sus tres opciones. «La idea ha sido trabajar con todo el producto, jugar con todas las partes y con sabores tradicionales y sutiles», aseguraba.
Pero en este certamen no basta con conquistar al paladar. La técnica de elaboración, el orden en la cocina y la presentación, valen su peso en oro. «Hay que intentar que las piezas sean simétricas y se trabaja mucho con molde», señala Molinero. El resultado final son platos que «parecen casi pasteles por su perfección».



»Francisco Izquierdo:
Esta mañana, después de cumplir con las tareas cotidianas, a eso de las once menos cuarto, emprendí la marcha con dirección al destino prefijado antes de salir de casa: darme un paseo hasta el Santiago Apóstol; pero al llegar a la esquina de la iglesia de Santa Casilda, en lugar de continuar por la calle San Agustín, sin saber el porqué, opté por desviarme por la Calle República Argentina y continué con dirección al Puente de Hierro. Al llegar a este, me llamó la atención sobremanera el color del agua y los espumarajos que se producían al precipitarse por el desnivel existente entre la represa y la parte baja del cauce; el herrumbroso color me hizo pensar que, tal vez, aguas arriba se estuviesen liberando directamente al río residuos, sin previa depuración por parte de General Química; ya que, cuando el río baja revuelto como consecuencia de las precipitaciones o el deshielo, el agua, además de que su tonalidad se asemeja a la de los caramelos de café con leche, suele hacer de vehículo de transporte para trozos de madera, hierbajos, botellas y todo tipo de objetos que suele haber en las márgenes… , y da la casualidad que aparte de las persistentes pompas que iban río abajo nada de lo expuesto anteriormente he observado.
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Adjunté una imagen realizada con el teléfono móvil desde el Puente de Hierro para dar fe de lo expuesto en el post anterior.



»Francisco Izquierdo
A la vuelta del paseo, lo que me ha llamado la atención ha sido el rudimentario sistema utilizado para impedir el robo del cable que hace posible que haya luz en el tramo existente entre la Residencia Ciudad De Miranda y el Puente de Orón. La verdad es que desconozco de quién habrá sido la idea; pero, desde aquí, ¡felicitarle!, ya que, además de económica, resulta eficaz: dos puntos de soldadura como mínimo por arqueta...

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